Ya hace tiempo se publicó un artículo sobre la actitud de algunos guías de disciplinas deportivas que se basa en aislar al animal, provocando una “privación sensorial”, el llamado Síndrome de Estocolmo. De este modo, TODO en la vida del perro es el guía, en la pista al final sólo está el guía y este es el fin último para muchas personas del mundo del deporte con perros, incluso para algunos que se autoenmarcan dentro de la mal llamada corriente “positivista”.
Durante este verano ya he mantenido unas cuantas charlas interesantes sobre este aspecto y sin repetir nada de lo ya mencionado sobre este asunto a mí personalmente no me parece una buena idea aislar a un perro de competición de ambientes extraños, muy diferentes, con muchas personas, perros, etc. Si el entrenamiento del perro está basado en aprendizaje por evitación puede tener algún sentido debido a que cualquier atención del perro a los estímulos que se presentan como distracciones en los entrenamientos son castigados severamente y por tanto el perro no debería tener contacto con esos estímulos fuera de las sesiones de entrenamiento, la información es más consistente siguiendo este programa de aislamiento.
Ahora bien, si baso mi entrenamiento fundamentalmente en refuerzo positivo, ¿tiene alguna ventaja empobrecer los sentidos de mi perro? Para mi gusto no tiene razón de ser, por regla general cuando se trabaja con distracciones en pista y el perro pierde la atención no ocurre nada, el refuerzo llegará cuando vuelva a prestar atención al guía, por tanto al final lo que buscamos es que las distracciones sean neutras, que el perro no las valore positiva ni negativamente. Por tanto, si mi perro está acostumbrado a estar en parques, terrazas de verano, conciertos de música, exhibiciones caninas de otro tipo (belleza por ejemplo), ¿será más fácil para el perro obviar estas distracciones en pista? Creo que la respuesta es obvia.
De ahí que Tizón y Cora se vengan con nosotros siempre que podemos de terracitas de verano a tomar algo y a enriquecerse como perros equilibrados. Después de unas cuantas terracitas de verano, ¿sabéis lo que creo? Que mis perros son mucho más estables en las permanencias que antes del verano, aunque queda muuuucho todavía por currar.
Supongo que mi opinión no convencerá a muchos para que dejen de practicar esa tortura emocional a sus perros, pero al menos servirá para que algunos reflexionen sobre si les dará más puntos en competición su actitud.
Saludetes.
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