El último video editado por DJ Pardos:
¡Sale el Zoncho!
Llevo mucho, mucho tiempo, queriendo escribir sobre este asunto peliagudo que nos incumbe a todos los que estamos involucrados en la formación de perros de competición. Creo que en parte se omite este tema en las charlas entre adiestradores porque nos sentimos incómodos, yo en primer lugar, pensando que en mayor o menor medida puede que estemos provocando ciertos problemas (estrés innecesario, reducción de la longevidad como consecuencia de los niveles de estrés o incluso el temido estrés crónico) a nuestros amigos.
Ya se empiezan a tratar con cierta frecuencia los problemas de estrés derivados de la competición en ciertas disciplinas, si no recuerdo mal, la Universidad Complutense de Madrid ya ha realizado estudios de los niveles de estrés en perros de agility cuando están en plena temporada y cuando están en reposo, aún así queda mucho camino por recorrer en el tratamiento y modificación de las técnicas de adiestramiento para reducir estos niveles de estrés.
Existen gran cantidad de modalidades deportivas donde colaboran hombre y perro, pero creo que en algunas, a día de hoy, a algunos competidores se les escapa el precio que tienen que pagar nuestros compañeros de pista para que nosotros aumentemos nuestro ego. Todas las competiciones exigen unas horas de dedicación, viajes, cambios continuos, que pueden provocar ciertos problemas en los comportamientos de nuestros compañeros, no voy a pararme en esta lista pero entre ellos se pueden encontrar:

Mi post no va encaminado a plantear soluciones al problema, no creo que se pueda solucionar en uno, dos, o cien post, pero si va encaminado a que se debe pensar más en el compañero de equipo, reduciendo las esperas infinitas en el trasportín, no pasándome de excitar para conseguir esa décima de segundo para que el envío al apport sea más espectacular, o si se hace al menos no olvidarse de esto, del precio que tiene que pagar, del eterno agradecimiento que se merecen sólo por esto.
Desde mi punto de vista, no hay que obsesionarse con la competición, lo óptimo es amar la competición pero siempre por debajo de nuestro compañero, no hay que olvidar ese orden de prioridades. Al menos hay que intentar reflexionar hasta que punto merece la pena, aunque como humanoides competidores hay veces que es muy muy difícil no dejarse embaucar por los oropeles.
Podría extenderme mucho más en los límites que ponemos a nuestros perros por el hecho de tener que salir a pista, pero creo que es tarea de cada uno ver todas esas “cosas prohibidas” por ser perros elegidos para la gloria.
Saludos.
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